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domingo, 4 de septiembre de 2011

Tristes traidores



Triste Final
Concha Caballero
El País, 3 de septiembre de 2011

Nadie nos va a confesar nunca la verdad. Nadie nos contará los entresijos de esta decisión, las llamadas recibidas, la letra pequeña de esta decisión. Nunca sabremos si fue el Banco Central Europeo quien chantajeó al Gobierno con abandonar su deuda en el corral de los mercados o si fueron Angela Merkel o Sarkozy quienes llamaron al presidente de Gobierno para transmitirle algún ultimátum. En realidad, da lo mismo la identidad del mensajero. Lo importante es que, fuese quien fuese el emisario, tenía claro que sus deseos no iban a ser contrariados, ni siquiera explicados a la ciudadanía.

El presidente del Gobierno recurrió al aliado natural de estas políticas, al portavoz del Partido Popular, para reclamar un apoyo que obtuvo de forma inmediata, no en vano se suscribían por primera vez las tesis que la FAES y la gran derecha europea venía planteando desde tiempo inmemorial. Tampoco se sabrá nunca la razón por la que José Luis Rodríguez Zapatero, como un nuevo Fausto, ha vendido su alma al diablo a cambio de unas líneas elogiosas en los libros de historia que escribirán los vencedores, aunque las letras se escriban sobre la pira donde se incineran los últimos sueños de su propia organización política.

Las imágenes, en este caso, valen más que todas las palabras pronunciadas por los diferentes dirigentes socialistas en estos días. La entrada a las reuniones en las que discutieron, a posteriori, la reforma constitucional, era lo más parecido a una luctuosa despedida. Las caras de tristeza, los rostros cansados y el olor a derrota eran evidentes. Sólo los auténticos burócratas, quizá los que conocieron de antemano las decisiones y que consideran la política un juego infantil frente a los mercados, lucían impertérritos.

Realmente, tampoco sabremos por qué Rodríguez Zapatero, en calidad de secretario general del PSOE, no le comunicó su decisión al candidato de su partido hasta no tener cerrado el acuerdo con Mariano Rajoy. Alguien debería explicar cómo se ha llegado a este caudillismo de nuevo cuño, envuelto en la bandera española y en la vieja apelación de que los tiempos futuros le absolverán. Tampoco nos contarán las horas oscuras de ese día de negociación interna del PSOE; si es cierto que incluso estaba cerrado que en el texto constitucional apareciera la cifra exacta de la derrota política; si es verdad que muchas federaciones se debatían entre oponerse rotundamente a la reforma constitucional o negociar un pequeñísimo espacio para la política, dejando sin cifrar la reducción del déficit. Minúsculas esperanzas para salvar las últimas banderas.

Nadie nos contará nada, aunque sea nuestra Constitución y se trate del valor de nuestra democracia. Ya se sabe que para las decisiones económicas, las que de verdad determinan nuestras vidas, la ciudadanía es un estorbo, una rémora que dificulta el reino de los tecnócratas a sueldo y de los intereses de los sectores financieros.

Algunos intelectuales cínicos llaman "ganga utópica" a todos los artículos de los textos constitucionales que hacen referencia a temas sociales como el derecho a la vivienda o la bella declaración de que "toda la riqueza del país en sus distintas formas y sea cual fuere su titularidad está subordinada al interés general". La primera vez que escuché tal expresión me pareció indignante. Ahora han convertido también en ganga utópica la declaración inicial de que la soberanía reside en el pueblo porque han escrito con tinta invisible que excepto cuando se trate de decisiones de carácter económico.

Triste final de una difícil legislatura y torpe exhibición de la falta de alternativas ante una derecha que empuja ya descaradamente hacia el fin del estado del bienestar. Al finalizar el debate, Mariano Rajoy hizo ese gesto tan particular, ese movimiento de mandíbula con el que celebra sus grandes triunfos. Incluso se ha relamido un poco el bigote, tan satisfecho como el gato que acaba de zamparse al ratón.

jueves, 21 de abril de 2011

La clase trabajadora en España




La clase trabajadora en España
Vicenç Navarro
Público, 21 de abril de 2011


Este artículo muestra datos del informe del prestigioso Economic Policy Institute de Washington (sobre la situación de la población laboral de los países de la OCDE de semejante desarrollo económico) que cuestionan la sabiduría económica convencional existente en España sobre la situación de la clase trabajadora en nuestro país. Los salarios en España son más bajos de los que les correspondería por el nivel de productividad de la fuerza laboral. El informe también señala que el estado español es de los menos redistributivos (incluso menos que Estados Unidos) de los existentes en la OCDE.

El Economic Policy Institute de Washington, uno de los centros de investigación económica más conocidos y prestigiosos de EEUU, publica cada dos años un informe sobre la situación de la población trabajadora en EEUU (The State of Working America) que es una referencia muy utilizada –incluso por el Congreso de EEUU– por su documentación exhaustiva sobre el mundo del trabajo en aquel país. Incluye también información sobre las condiciones laborales en la mayoría de países de la OCDE de semejante nivel de desarrollo económico, presentando datos y gráficos que son de una gran utilidad para los estudiosos del mundo laboral en los países con mayor nivel de desarrollo económico.

En su último informe, publicado hace sólo unas semanas, hay datos económicos y sociales que cuestionan claramente los datos que constantemente se utilizan en los centros que reproducen la sabiduría convencional de España. Así, en el capítulo sobre horas anuales de trabajo por trabajador, España (presentado frecuentemente como un país de gran laxitud e indisciplina laboral) aparece como uno de los países en los que los trabajadores trabajan más horas al año. Concretamente 1.654 horas, muy por encima del promedio de los países de la OCDE, 1.628 horas.

Otra sorpresa es el indicador que contradice otro elemento de la sabiduría convencional que habla constantemente del escaso crecimiento de la productividad como causa de la escasa recuperación económica española. El informe señala que el crecimiento de la productividad en España durante el periodo 2007-2009 fue el mayor (5,4%) de los países de la OCDE, cuyo promedio fue de -1,1%. El de Estados Unidos fue menor que el de España, un 4%, lo que contrasta con la mayoría de países de la OCDE, que sufrieron un descenso de su productividad. España fue también el país que destruyó más empleo, con una tasa negativa de producción de empleo (-7,2%).

Otro dato interesante es el nivel de productividad, dato diferente al del crecimiento de la productividad. De nuevo, las cifras contradicen la visión promovida por conservadores y neoliberales que constantemente se refieren a España como un país con muy baja productividad. El informe señala que la productividad española está por encima no sólo de Grecia, Portugal e Italia, sino también de Japón y Nueva Zelanda.

Es también interesante analizar los salarios. España tiene los más bajos de la OCDE (junto con Grecia y Portugal). Su compensación salarial por hora en la manufactura (cuyos trabajadores son los mejor pagados en cualquier país) es sólo el 85% del de EEUU. La mayoría de los países de la UE-15 están muy por encima de EEUU (Dinamarca 172%, Suecia 147%, Noruega 197%, Alemania 153% o Austria 144%). Tales datos muestran que no pueden justificarse los bajos salarios de España recurriendo al argumento de una supuesta baja productividad. En realidad, España no está a la cola de la productividad de la OCDE. Sí que está, en cambio, a la cola de los salarios. En realidad, el nivel salarial responde más a causas políticas que a causas económicas. Así, la variable que tiene un gran poder determinante del nivel salarial (y también, por cierto, de la actividad redistribuidora del Estado) es el poder sindical. A mayor poder sindical, mayores salarios, menores desigualdades y mayor productividad.

Otro dato de gran interés es que, en el análisis del sector público, el informe señala que España es uno de los estados menos redistributivos. El indicador que el informe utiliza para medir la capacidad redistributiva del Estado es el porcentaje de la población en situación de pobreza antes y después de las intervenciones del Estado. El Estado, a través de impuestos, por un lado, y las transferencias públicas, por el otro, afecta a la distribución de la renta de un país. Pues bien, España es uno de los países donde el Estado tiene menos impacto en la reducción de la pobreza. Esta pasa de ser el 17,6% de la población, antes de que intervenga el Estado, a un 14,1%, sólo 3,5 puntos menos. En la gran mayoría de países, la reducción es mucho mayor. EEUU, uno de los países con mayores desigualdades, reduce la pobreza 9,2 puntos, más del doble que España. Y si vamos a países de tradición socialdemócrata como Suecia, vemos que la reducción de la pobreza es de 21,4 puntos. España, repito, sólo 3,5 puntos. Esto quiere decir que los impuestos son muy regresivos y las transferencias públicas muy escasas.

Los países nórdicos, junto con Francia, son los más redistributivos. España, junto con Holanda, Japón y EEUU, son los menos redistributivos. Es interesante señalar que los países más redistributivos (Suecia, Noruega, Dinamarca) están por encima del promedio de productividad de la OCDE.

Noruega es el país del mundo con mayor productividad, y también uno en los que su Estado tiene mayor impacto redistributivo. Esto cuestiona el dogma neoliberal según el cual la eficiencia económica requiere inequidad.

Lo que también llama la atención son los datos sobre igualdad de oportunidades medida por la tasa de movilidad vertical (de padres a hijos) entre generaciones. España, junto con Italia, Irlanda y EEUU, es uno de los países que tiene menos movilidad social. El sistema educativo tiene escaso impacto en igualar las oportunidades de las distintas generaciones. Esto está relacionado con el sistema educativo dual con las clases pudientes enviando sus hijos a la escuela privada, y las clases trabajadoras y medias enviando sus hijos a la escuela pública. En estos países, los hijos de la clase trabajadora lo tienen más difícil para alcanzar niveles de clases de renta superior. Y ahí termina la fotografía –no muy halagadora– de la situación de la clase trabajadora en España.

sábado, 2 de abril de 2011

Después de Zapatero, el PSOE



Después de Zapatero, el PSOE
José Luis Álvarez
El País, 2 de abril de 2011


Las especulaciones sobre el tempo de sucesión del presidente, las maniobras de algunos posibles candidatos y la ansiedad de los cabeza de lista territoriales y locales no ayudan al PSOE. Y menos el debate sobre nombres, que perpetúa el legado más negativo de Zapatero: la concepción personalista, inorgánica, de la política.

El PSOE puede tomarse con serenidad la sucesión. El gran secreto de la política española es que las próximas generales son irrelevantes como predictores de la hegemonía política para después de la crisis. En Europa, quien gobierna pierde. Las condiciones políticas después de la crisis serán probablemente tan distintas de las actuales que lo que lleve, ahora o en el corto plazo, al poder será diferente de lo que permita alcanzarlo o mantenerlo en el futuro.

Es para ese próximo ciclo político, todavía nonato, para el que el PSOE necesita un nuevo liderazgo. Por tanto, puede posponer la pregunta sobre el candidato a una serie de reflexiones previas. Primera, ¿sucesión para qué?, es decir: ¿qué tipo de políticas deberá perseguir para dominar el ciclo poscrisis? Segunda, ¿qué modelo de poder?, es decir: ¿se quiere cambiar el hiper liderazgo de Zapatero por un liderazgo más orgánico? Tercera, ¿cuál es el proceso?, es decir: ¿cómo conjugar amortiguar el inevitable golpe electoral a corto con desarrollar candidatos de largo recorrido?

Para responder a la primera cuestión hay que partir del reconocimiento del vaciamiento ideológico que Zapatero ha operado en el PSOE. Canceló el eje tradicional de confrontación derecha-izquierda, el económico, y eligió competir solo en el eje de los valores. De dos maneras. Primera, privilegió los derechos ciudadanos, un grupo de valores importante pero de atractivo electoral limitado y, en cualquier caso, ahora ya conquistado gracias a él. Segunda, reemplazó cualquier otro posible discurso sobre valores por su estilo de liderazgo, pensando que podría atraer a la clase media solo con desplegar el carácter personal y político más opuesto posible al de Aznar. Sin embargo, las clases medias urbanas -las que permiten a un partido convertirse en pivote y así dominar un ciclo- se han ido moviendo, moderada pero sostenidamente, en una dirección conservadora, de un mayor reclamo de autoridad, en especial por el Gobierno y la Administración. La imagen de Zapatero, eficazmente ahondada por Rajoy, de tomarse la función gubernamental a la ligera ha sido devastadora.

Mientras que la respuesta a esta demanda social radica más en la capacidad del PSOE para cooptar élites para sus Gobiernos que en cambios importantes en su ideología, sí se avecina un choque de valores fascinante, que exige al partido una importante renovación de ideas. Tras la crisis, que está dejando el sabor amargo, políticamente todavía no expresado, del resentimiento por el destino desigual de las clases sociales durante la misma, dos son los valores principales que se van a confrontar. Por un lado, lo que será la apuesta del PP: el mérito como legitimador de las diferencias sociales. Por otro, la que debería ser la bandera del PSOE: la igualdad de oportunidades. Mientras que para el PSOE la refundación del eje económico es cognitivamente complicada, ya que carece siquiera de asomo de un paradigma económico alternativo al empresarial, la reconfiguración de su oferta de valores, incluyendo una menor preponderancia del republicanismo cívico, le será emocionalmente muy difícil, especialmente a la generación del presidente.

El segundo reto es el abandono del hiper liderazgo en el partido e hiperpresidencialismo en el Gobierno. No es fácil, porque nuestro sistema los favorece, por tres razones. Una sociológica: los dos grandes partidos españoles son, como toda gran organización, oligárquicos. Otra normativa: la sobreprotección que la Constitución otorga a los partidos refuerza la concentración de poder. Una tercera electoral: el personalismo creciente de las campañas, cuya expresión máxima fueron las dos últimas generales, cuando las siglas PSOE fueron postergadas en favor de la marca "ZP" en 2004 y de la todavía más estilizada "Z" en 2008.

El presidencialismo se acentúa porque el rol presidencial transforma a sus tomadores. A partir de su nombramiento, la preocupación primordial de los presidentes es su evaluación por la historia... porque ya están en ella. Cuando González decía que se gobierna desde Moncloa y no desde Ferraz asumía que el juicio de su presidencia iba a ser sobre su individualidad política. Cuando Aznar renunció a una tercera presidencia lo hizo desde el supuesto de que su lugar en la historia sería independiente del juicio que merecería su PP. Cuando Zapatero ha acumulado más poder que cualquiera de sus predecesores es para asegurar un proyecto irreductiblemente personal. Y cuando el presidente al que menos le ha importado la economía hace de esta, en coalición contra natura con grandes empresarios, su programa para su año final, es porque está pensando en su última oportunidad de pasar como estadista a la historia.

Pero Zapatero, más que ningún otro presidente, se ha constituido en figura diferenciada de su partido. En toda presidencia, las decisiones principales emanan principalmente de alguna combinación de sedes de poder: partido, Gobierno, staff de Moncloa, presidente, consejeros personales. Zapatero es el presidente que más ha desplazado la toma de decisiones hacia su persona y consiglieri. En contraste, González, hasta la salida de Guerra, y Aznar en su primera legislatura, se apoyaron en el trípode partido-Gobierno-Moncloa. De ahí su impacto. Por eso es necesaria una nueva articulación de la relación de poder entre el PSOE y su líder.

La reflexión sobre el modelo de liderazgo lleva directamente a la tercera reflexión clave señalada: la transición entre el corto y largo plazo del PSOE, una cuestión más amplia e importante que la del posible anuncio por el presidente de su renuncia a presentarse a otra presidencia, algo que la opinión pública ya ha asumido, o la nominalista de quién será el nuevo candidato.

El presidente tiene interés en que la sucesión salga bien. Conviene a su lugar en la historia. Cuenta además con la objetividad y distanciamiento de los que no tienen futuro político. Y no hay astucia táctica como la suya una vez los objetivos son claros. Seguramente acertará en los detalles del proceso, para el que no hay un solo trayecto ideal. Probablemente anunciará la renovación del liderazgo después de las elecciones de mayo, pero no inmediatamente, para que no parezca una consecuencia directa, y adoptará el rol de curador del proceso, para que el partido no dé imagen de desunión en las primarias (a los procesos de sucesión política les pasa como a la elaboración de salchichas: el público no debería poder verlos). Y seguramente seguirá gobernando hasta el fin de la legislatura, protegiendo así al partido, y a quien el partido elija candidato. Y contra sus instintos permitirá que alguien de una generación anterior sea su primer reemplazo.

Porque de todas las prioridades de Zapatero en su sucesión, la más importante es cuidar la relación entre generaciones socialistas. Porque ni la que desarrolló el oficio de ganar elecciones y gobernar con González, ni la que aprendió el primero de ellos con el actual presidente, podrá recorrer por si sola la transición de Zapatero al PSOE. La veterana de estas generaciones, en lo que será su last hurrah, es necesaria para reducir el castigo electoral, ofrecer imagen de oficio gubernamental y, más pragmática, centrar el partido. Pero como Moisés con la tierra prometida, el hecho biológico les impedirá liderar todo el recorrido del próximo ciclo político. Serán, por tanto, probablemente dos las sucesiones a Zapatero (a González fueron tres).

A diferencia de los conservadores, que tienen ante sí la más fácil tarea de preservar el statu quo, la izquierda, para cualquier cambio social debe acumular cantidades ingentes de capital político. Nunca ha logrado una transformación relevante sin un estrecho alineamiento entre líder, dirigentes, partido y votantes con un mandato compartido de acción. Este fue el caso de los primeros Gobiernos de González para la europeización de España. Zapatero ha sido el presidente más individualista y, por tanto, el que menos ha cambiado la sociedad. Por eso, su sucesión ha de ser, principalmente, la de un hiperliderazgo a un liderazgo más compartido.


domingo, 30 de enero de 2011

La banca siempre gana


La banca siempre gana
Íñigo de Barrón
El País, 29 de enero de 2011

Es frecuente que los jueces sean noticia por las resoluciones que van contra el sentido común. Este caso es el contrario. La Audiencia Provincial de Navarra ha dictado un auto en el que considera que devolver al banco el piso hipotecado es suficiente para saldar la deuda, incluso si la última tasación es inferior a lo que debía. Para cualquier ciudadano este auto tiene toda la lógica y es el sistema utilizado en Estados Unidos e Inglaterra. Sin embargo, la entidad, el BBVA en este caso, afirma que es contrario a la Ley de Enjuiciamiento Civil, la Ley Hipotecaria y la doctrina del Tribunal Supremo. Puede que tenga razón, pero entonces es un asunto que va contra la ley pero que no parece inmoral. De hecho, la Audiencia admite que el banco ha actuado legalmente pero su comportamiento ha sido "moralmente rechazable".

Los detalles del caso son importantes. Un ciudadano pide 71.225 euros para comprarse una casa que el banco tasa en 75.900 euros. Tres años después, ante el impago de las cuotas, se queda con la casa por 42.895 euros, es decir, 33.005 euros menos, un 43,5% de depreciación. Como el cliente había pagado una parte, le reclama 28.129 euros y además (algo especialmente sangrante), 8.438 euros más de intereses y gastos. En total, 36.612 euros. Como ya había pagado cuotas por 4.876 euros, este vecino de Estella deberá pagar 41.488 al BBVA por un préstamo que pidió para una casa que ya no tiene.

Desde cualquier óptica parece una situación absurda y aberrante. Todas las consecuencias del pinchazo de la burbuja inmobiliaria las paga el cliente y el banco sale inmaculado gracias a que los ciudadanos responden con todos sus bienes, según la legislación española. Lo que dice la ley -que CIU ha intentado cambiar sin éxito- es que solo el cliente comete errores y paga por ello, pero la entidad (cualquiera que sea, porque la mayoría actúan igual) no tiene ninguna responsabilidad. ¿Alguien puede pensarlo? El oficio de banquero se caracteriza por la prudencia, el conocimiento del mercado y la valoración de los riesgos. Cobran por ello. ¿Se ha actuado correctamente? La negligencia y la codicia son algunas de las razones que explican esta crisis.

El Banco de España alertó de que se estaba calentando el ladrillo desde 2006, pero se quedó ahí. No penalizó los préstamos por el 100% de la tasación, ni los de promotores o hipotecas basura. No cabe duda de que el ciudadano, mayor de edad y responsable de sus actos, debía saber lo que hacía. Pero algo grave ha fallado en el sistema financiero cuando se ha alimentado una burbuja en la que los pisos subían un 100% mientras los sueldos se incrementaban un 25%. Incluso el suelo se revalorizó un 500% entre 1997 y 2007.

Como recuerda el auto, los clientes no tasaban los pisos ni eran responsables de que se les concedieran créditos por el 120% del valor tasado, con importes superiores al 35% de sus ingresos. La crisis no ha llegado solo porque los clientes pidieran cantidades astronómicas y compraran todo lo que salía al mercado, que también. Desde 2007 ha habido unas 320.000 ejecuciones hipotecarias. Quizá con la llegada de la burbuja se deba replantear la ley, sin dar un golpe de timón que provoque inseguridad jurídica o hunda al sistema, porque todos saldríamos perdiendo. Con este caso queda el consuelo del dicho jurídico: "La ley dice lo que dice el juez que dice la ley". Esta vez la banca no ha ganado.

sábado, 8 de enero de 2011

La locomotora ya crea empleo


La locomotora ya crea empleo
Xavier Vidal-Folch
El País, 6 de enero de 2011

En España se crea empleo. ¿Dónde? ¿Por qué? Destripemos los datos.

¿Dónde? En Cataluña. Cataluña ha dejado (prácticamente) de crear paro. En 2010 destruyó solo 912 puestos de trabajo netos, el 0,16% de su medio millón largo de parados, 4,3 puntos menos que el 4,5% de la media española (176.470 nuevos desempleados), según los registros de demandantes de empleo a los servicios públicos. Y en el último tramo del año creó empleo ampliamente neto.

Comparen esos 912 puestos destruidos con los 350.000 empleos perdidos entre 2008 y 2009. Seguimos en el pozo. Pero lo peor, definitivamente, ha pasado.

Lo bueno de esas cifras es que son coherentes con otras. Como la creación neta de empresas: por vez primera en tres años, en el tercer trimestre de 2010 se abrieron más empresas (25.029) que las que se cerraron (22.397). O como el número de trabajadores afectados por expedientes de regulación de empleo: en los 11 primeros meses afectaron a 54.500 trabajadores, un 56% menos que en igual periodo del año anterior, siempre en el mismo territorio.

Esos datos deberían aliviar a los catalanes. Y animar a todos los españoles, porque marcan tendencia. Como sucede con todo territorio-locomotora (Alemania en la UE, Lombardía en Italia), con una estructura económica más compleja y abierta al exterior, el ciclo económico catalán suele anticipar tanto las recesiones como las recuperaciones. Ocurre con ellos como tantas veces en la Bolsa y casi siempre en el sector publicitario.

Igual que ahora pespuntea la recuperación, Cataluña protagonizó uno de los peores hundimientos en el peor año: un descenso del 4,2% de su PIB en 2009 (para un 3,7% la media española), solo superado por las vecinas Aragón (-4,5%) y País Valenciano (-4,4%), según la Contabilidad Regional del INE.

De modo que su paro, aunque nunca llegó a ser el más cuantioso, por el mejor punto de partida, sí fue el más contundente: concentró el 70% de toda la destrucción de empleos fijos registrada en España, según un estudio del IESE.

Conste, de paso, que la ratificación de ese carácter de heraldo, laboratorio o avanzadilla de la antes llamada "fábrica de España", deslegitima tanta literatura decadentista sobre Cataluña. De signo inverso: los ensimismamientos provincianos y los regateos provincializadores.

Para los primeros, un dato-dedicatoria: la revista Nature acaba de proclamar a Barcelona campeona española de Excelencia en Ciencia (y ciudad número 54 del mundo; era la 65 en 2000), mientras su seguidora, Madrid, pasa del puesto 66 al 67. Para los segundos, otro: el informe PISA acaba de desmentir el pretendido perjuicio de la inmersión lingüística en catalán: durante el trienio 2006-2009 del denostado tripartito, sus quinceañeros han mejorado la capacidad lectora (y matemática y científica), superando a la media (aunque a distancia de la comunidad líder, Castilla y León).

Volvamos al empleo. ¿Por qué se crea en Cataluña? Para ser más exactos, ¿por qué se crea casi únicamente en Cataluña? Destripando los datos de la EPA del segundo y tercer trimestre de 2010 (pronto lo haremos con los del último), la población ocupada aumentó en España (redondeando) en 152.600 personas. De ellas, 115.500 eran asalariados privados: pero de estos, 109.800 fueron contratados en Cataluña, por lo que el resto solo aportó 5.700. Cataluña creó pues el 95% de los empleos más (en teoría) directamente productivos, los privados.

Los empleos públicos aumentaron en toda España en 87.500; pero en Cataluña se destruyeron 19.700, por tanto en el resto se crearon 107.200. Es decir, el empleo creado en el conjunto, Cataluña aparte, fue de funcionarios y asimilados en su abrumadora mayoría. Lo más preocupante es que así seguirá en los próximos meses, predijo el martes el secretario de la Seguridad Social, Octavio Granado: el sector más generador de puestos de trabajo será el de los servicios sociales, tan vinculados a la iniciativa de la Administración (Ley de Dependencia).

Si Cataluña es la excepción y ojalá que el heraldo, se debe al menor peso del sector servicios que en la media (sobre todo públicos, cinco puntos menos) y al mayor de la industria (dos puntos más), que aún sería superior (unos tres puntos adicionales) si le reagregásemos los servicios a la industria externalizados desde el cambio de siglo (L'economia catalana: fets estilitzats, Generalitat, 2010).

En suma, la recuperación se avizora mediante un modelo más manufacturero/y/de/servicios que de/servicios/y/público. Por una razón capital: el presente, y el futuro, si los hay, vienen de la mano de la demanda externa, más que de la interna. Y la demanda externa, de la industria, que es la que exporta. Y de los 11 sectores en que se desglosa la actividad industrial, siete los lidera Cataluña: material de transporte, equipo eléctrico, química, papel y edición, alimentación, plástico, maquinaria y equipos mecánicos. Benditas chimeneas sin humos.